General

Marco Castellano y la sombra que dejó en el COBACH 08

Se ha autoproclamado como la opción “natural” para regresar a la dirección del COBACH 08. Se presenta como si el tiempo no hubiera pasado, como si la memoria colectiva no existiera. Pero los hechos siguen ahí.

Durante su mandato, el plantel no avanzó: se deterioró.

Bajo su gestión se registraron casos de consumo de alcohol entre estudiantes y señalamientos sobre presencia de drogas al interior del plantel. Lo que debía ser un espacio de formación mostró señales de descontrol. La percepción dominante fue de permisividad y apatía institucional. No hubo liderazgo firme, no hubo contención efectiva, no hubo conducción clara.

Y el episodio que terminó por marcar ese periodo fue la rehabilitación de la entrada principal, pagada con recursos de padres de familia. Una obra que debía garantizar seguridad terminó desplomándose. A tan solo dos meses de haber sido entregada, se cayó a pedazos. Literalmente se descascaró y colapsó, poniendo en riesgo la vida de directivos y alumnos. La nueva administración tuvo que cerrar el acceso y habilitar otro de emergencia para evitar una tragedia. Ese hecho no fue menor: fue el retrato de una gestión improvisada.

A ello se sumó el abandono de áreas deportivas, campos traseros enmontados y llenos de basura, bajo rendimiento académico y una comunidad que percibía ausencia de dirección real.

También quedaron cuestionamientos persistentes sobre el manejo del dinero obtenido por permisos de vendimia, tanto al interior como al exterior del plantel. Recursos cuya aplicación nunca fue aclarada con transparencia ante padres de familia y docentes.

Su gestión estuvo marcada por una abierta cercanía política con Ismael Brito Mazariegos. Se proclamaba parte del círculo cercano, promovía esa corriente y se identificaba con la política del sexenio de Rutilio Escandón. Además, estuvo ligado a la campaña de Pepe Cruz, presumiendo esa cercanía como capital político.

Hoy intenta reinventarse. Intenta cambiar de discurso. Intenta presentarse como una opción renovada. Pero su nombre sigue inevitablemente asociado a esa etapa política y a los resultados que dejó.

No se trata de percepción. Se trata de memoria.

Y cuando una gestión deja una entrada colapsada, un plantel deteriorado y una comunidad desconfiada, no basta con proclamarse líder. La autoridad no se impone. Se gana.

Y hay antecedentes que, por más que se intenten maquillar, simplemente no se pueden esconder.

Compartir
Botón volver arriba